Amenazado


Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
J.L.B.

Subes la rampa, hacia la mano derecha, segunda puerta, aula 6B, notas que está cerrada, tocas. ¿Habría sido buen momento? La puerta se abre en seguida, pasas y ves que solo hay cuatro alumnos, todos sentados en la última fila. Parece que escapan de algo. Entras, deslizas tu maleta de los hombros y lo coges con un movimiento automático, te sientas atrás también queriendo escapar de ese algo que nadie nunca ha visto ni tocado. ¿Habría sido buen momento? Te vuelves a preguntar.

Ya en la última fila pones tu maleta sobre la carpeta personal para que nadie vea lo que lees. Sacas Antología de Borges. Abres al azar y lees: El amenazado. ¿Será el azar?, quizá hoy me quiera decir algo, quizá sí fue buen momento. Recuerdas entonces tu rostro caliente, armando, ideando, planificando una frase; algo inteligente y divertido. Ella al otro lado del salón miraba la pizarra, quizá perdida también entre divagaciones. Es el amor, tendré que esconderme o que huir. El profesor hablaba sobre los matemáticos griegos, que Pitágoras plagió el teorema de Pitágoras, que Tales era un libertino. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor me mi madre? Hasta que habló de Zenón, existió un hombre que pidió a los inmortales dioses que le permitiesen vivir el día de mañana la mitad de lo que le resta y pasando mañana lo mismo hasta su muerte, dijo; el infinito, pensaste. Levantaste la mano, todo es cuestión de infinito, si a dicho hombre se le concede el deseo, se hará inmortal. Luego el profesor sonrió, como si hubieras dicho exactamente lo que el día anterior había planificado que dijeras. Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Su compañero ha dado en el clavo, notaste que explicó algo pero divagaste nuevamente en tu juagada mientras ella seguía al otro lado del salón, quizá entonces pensando en ti. Y de nuevo pensabas en una frase inteligente y graciosa. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. Recordaste que ella tiene el ojo izquierdo perezoso, sin embargo está sentada en la última fila, sonreíste solo para ti, ya tenías la frase. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. El resto depende de ustedes, la dedicación que le puedan poner a este curso y el provecho que le puedan sacar, dijo el profesor, terminó la clase. Te preparaste, alistaste tus cosas a su ritmo, ni antes, ni después, siempre con ella. Saliste y dijiste la frase. Sonrió, sí fue inteligente y graciosa. Conversaron, te dijo que ya no tenía clase, que se iba a su casa, tú tenías que volver al aula en minutos. Ya los ejércitos me cercan, las hordas. Te despediste, el beso en la mejilla. Se marchó. Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.

Estás en el 6B, en la última fila, en clases de Didáctica, tu maleta adelante para que no noten lo que lees, Antología de Borges en la mano, El amenazado. Una sesión de aprendizaje conductual puede tener el mismo resultado que una cognitiva, sin embargo el proceso no es el mismo, dice el profesor, los docentes cometen el error de optar por el enfoque cognitivo y hacer una sesión de aprendizaje con características conductuales. El nombre de una mujer me delata. Tú no piensas que enfoque escoger, tú solo piensas en si habría sido buen momento. Ves la hora, veinte minutos, no debe estar tan lejos piensas. Me duele una mujer en todo el cuerpo. Guardas a Borges, coges tu maleta y sales            del salón.

Sabes su ruta. Puerta dos, Plaza San Miguel. Apuras el paso, miras la hora. No debe de estar tan lejos. Caminas a zancadas largas, trotas, no corres. Hoy es el día dieciocho del mes nueve del año dieciocho. Hoy es un día capicúa, piensas, hoy debe pasar algo especial. No debe estar tan lejos, solo pasaron veinticinco minutos. Piensas que sí era buen momento. La suerte interfiere en la vida de una persona más de lo que esta quisiera, no me falles. Empiezas a correr, cabello dorado botas cremas. La buscas entre la gente, miras los detalles, no la encuentras. Cabello dorado botas cremas. Pasas la clínica universitaria. Cabello dorado botas cremas. Te das cuenta ya en la puerta dos que puedes enviarle un mensaje. ¿Ya estás en tu carro? Sigues corriendo sin olvidar sus características. Cabello dorado botas cremas. Miras el celular, no responde. Aún tienes esperanza de poder encontrarla, cogerle la mano y besarla. Cabello dorado brotas cremas. Sigues sin encontrarla. Ya estás muy lejos. Vibra el celular. Sí, ya estoy en mi carro, tomé otra ruta para llegar más rápido. Dejas de correr. No, hoy no fue buen momento. Los ojos se te humedecen, sientes frío en el vientre, alguien (o algo) de arriba te mira y siente pena, llora por ti pero tú no, tú no lloras. Das media vuelta y regresas tus pasos. Hoy no.

Ahora ambos danzan sobre Lima, ella sobre cuatro ruedas, probablemente en el asiento de atrás, y tú sobre dos pies, probablemente al borde de la acera. Danzan en su monotonía y sus deberes, y sus cuerpos abnegados e imposibles se llaman el uno al otro bajo una presión que se manifiesta en los momentos de serena compañía mutua. Los veo y me pregunto si acaso ese llamado llegará a ser tan fuerte para romper las barreras del tiempo y del compromiso. ¿Acaso ella llegará a faltar aquel juramento implícito con el otro cuerpo? Tu ignorancia te libra de culpa, su atrevimiento la hace impredecible, peligrosa. Pero a pesar de todo, ahora, en estos precisos momentos, veo sus cuerpos danzando sobre Lima, entre la basura y el humo de los carros, entre niños con caramelos en las manos y  migrantes que abarrotan las aceras, entre llantos y sonrisas, entre mitos y verdades. Sus cuerpos siguen bailando sobre Lima y quizá algún día cese el baile con un beso en la boca, y tus manos sobre sus manos, y su vida sobre tu vida. Yo no puedo hacer más, solo verlos, y aprender, tratar de ser humano.


DLLS

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