Por siempre, una y otra vez



(Lemniscata)
(∞)

Cuatro pasos hacia la diagonal derecha arriba con inclinación de treinta grados. Recuerdo que caminaba apresurado en un mercado. Siempre buscando algo, pero no sabía realmente qué. Mi padre apareció a mi lado cuando pregunté en una de las tiendas si sabía lo que buscaba. Luego seguimos buscando aquella cosa que no tenía nombre. Después de preguntar en algunas tiendas más, apareció ella. Sí, con ella me refiero a Katherine Gómez Ayala. No, simplemente apareció a mi lado de la misma forma que mi padre lo hizo. Seguimos buscando aquello, es cierto, pero notaba descontento en el rostro de Katy, no quise preguntarle el motivo, simplemente me ayudaban a buscar ese objeto.

Dos pasos hacia abajo. No pasó mucho tiempo hasta que llegamos a una tienda que tenía aspecto de carpa cirquera. Un hombre viejo mal rasurado nos atendió. No, solo eso recuerdo de las características de su rostro y tampoco lo reconocería si lo viera de nuevo. Bueno, no recuerdo la conversación, solo está en mi mente aquel anillo grotesco que puso sobre la mesa de madera que tenía enfrente. Era color plomo, se notaba la antigüedad de la pieza en las raras escrituras que lo adornaban en todo del aro. Pero lo peor de todo fue el animal grabado en ella. Juro que nunca había visto un animal de ese tipo. No comandante, no se lo podría describir con palabras. Solo puedo decirle que al ver aquella cosa sentí vértigo y un miedo tan antiguo como la cicatriz que llaman ombligo.

Cuatro pasos hacia la diagonal izquierda arriba con inclinación de ciento cincuenta grados. En seguida un instinto netamente humano hizo que huyera despavorido de aquella carpa. No fue hasta un tiempo prudente que recordé a papá y Katy. Volví la cabeza en busca de ellos y noté que corrían detrás de mí. El tiempo que llevamos corriendo no lo puedo calcular exactamente señor comandante, no quiero caer en contradicciones en mi testimonio, es por eso que no señalaré alguna cantidad.  Solo, como le repito, recuerdo que corrimos hasta llegar a este puesto policial. Y hasta ese entonces no me había dado cuenta que Katherine llevaba la mano izquierda amputada.

Dos pasos hacia abajo. Exactamente señor, en ningún momento de la huida se quejó de dolor alguno, y supongo que papá tampoco se percató de la sangre que brotaba de la herida. Sí comandante, ella era mí prometida. Bueno, llevamos seis años de enamorados, y hace un mes que acordamos en casarnos, pero como ya lo ve, hace falta el anillo. Ahora, si me disculpa comandante, ya di mi testimonio sobre aquel caso ajeno a mí. Yo tengo que buscar, con mi padre, el objeto que me hace falta. Quien, por cierto, ya debe estar furioso por mi tardanza. Pero es justificable ¿no cree? Tuve la mala suerte de toparme con este asunto. Sé que él lo entenderá, por siempre, una y otra vez.


DLLS

Comentarios

Entradas populares